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domingo, 26 de diciembre de 2010

UN SUEÑO DE 300 METROS


Entre unas cosas y otras, hacía bastante tiempo que no actualizaba el blog. Hoy, "bicheando" por aquí y por allá, he encontrado un documental muy bien hecho sobre uno de los iconos de la ciudad de la luz. Por cierto que, y hablando de sueños, no puedo dejar de acordarme de la película sobre las aspiraciones de otro ingeniero: Preston Tucker. Sirva el documental y la página donde lo encontré ( http://www.adnstream.com/ ) como humilde felicitación navideña para todos vosotros.



jueves, 18 de febrero de 2010

EL PLANO IMPOSIBLE: EMILIO RUIZ DEL RÍO


La biografía del artista madrileño Emilio Ruiz del Río (1923-2007) es, cuando menos, excepcional. Al igual que otros artistas dedicados al mundo del cine como Saul Bass y el protagonista de la entrada anterior, Drew Struzan, Emilio Ruiz empleaba los secretos tradicionales de su oficio para crear -en este caso- escenografías para películas ( ¡trabajó en más de 520! ) que nada tienen que envidiar a las modernas técnicas digitales.
Desde su primer trabajo en "La aldea maldita" dirigida en 1942 por Florián Rey, hasta su último trabajo en "Las mujeres del anarquista" pasando por "Espartaco" (Stanley Kubrick, 1960), "Rey de reyes" (Nicholas Ray, 1961), "Cleopatra" (Joseph L. Mankiewicz, 1963), "La caída del Imperio Romano" (Anthony Mann, 1964), "Lawrence de Arabia" (David Lean, 1962), "Doctor Zhivago" (David Lean, 1965), "Golfus de Roma" (Richard Lester, 1966), "Patton" (Franklin J. Schaffner, 1970), "Conan el Bárbaro" (John Milius, 1982), "Dune" (David Lynch, 1984), o "El puente de San Luis Rey" (Mary McGuckian, 2004) entre otras, Emilio Ruiz construyó grandes edificios, puertos, puentes... todo a escala e integrándolos en la escena real para ser filmados en directo y empleando la perspectiva de una manera formidable.
Consiguió tres premios Goya por "Acción mutante", "Nadie conoce a nadie" y "El laberinto del fauno". Pero, la escena más conocida del genio madrileño (por lo menos en España) es la del atentado contra el presidente Luis Carrero Blanco, asesinado por ETA en diciembre de 1973. La impresionante escena de la película "Operación Ogro" (Gillo Pontecorvo, 1979) es, en sí misma, más un documento gráfico del magnicidio que una recreación con efectos especiales:



La semana pasada, la segunda cadena de Televisión Española emitió un interesante documental sobre Emilio Ruiz: "El último truco". Aunque no pude verlo entonces, lo encontré en este blog y os lo traigo como un pequeño homenaje a un gran artista del cual desconocía su existencia.


sábado, 18 de julio de 2009

LA JOYA DEL SULTÁN

Al visitar un enclave tan singular como la Alhambra, me es inevitable imaginar cómo sería en la época de su mayor esplendor. Lógicamente, el ejercicio es más complejo cuanto menos restos quedan de su original fisonomía, como ocurre en el anfiteatro romano de Itálica (muy cerca de Sevilla) o en las ruinas de la califal Medina Azahara. Pero, dentro de las murallas y palacios edificados sobre la colina de la Sabika, se puede -gracias a la milagrosa conservación de numerosos espacios- recrear con la imaginación cómo pudo haber sido el castillo nazarí. Aunque se conservan bastante bien numerosas estancias, hay pocos objetos como el Jarrón de las Gacelas -con cuya imagen encabezamos la entrada- que nos induzcan a los mismos pensamientos románticos que antes refería y que tan bien describre Washington Irving al referirse a la Fortaleza Roja: "El peculiar encanto de este viejo palacio es su poder de evocar vagos ensueños y representaciones del pasado, vistiendo así la descarnada realidad con las ilusiones de la memoria y de la imaginación".

El Jarrón en el interior de la Sala de las Dos Hermanas

El Jarrón de las Gacelas es una monumental obra cerámica vidriada en blanco, azul y dorado de 134 cm de altura y un diámetro máximo en su "panza" de 70 cm, sorprendiendo los escasos 14 cm de su base lo que -según varios autores- nos revela que tendría algún tipo de soporte para garantizar su estabilidad. Además, según Purificación Marinetto, guarda un sistema de proporciones casi perfecto dentro de la raiz cuadrada de cuatro que, sumado al movimiento convexo-cóncavo y a la fantástica ejecución de su ornamentación (como refiere el profesor Fernández-Puertas) hacen de este jarrón no sólo una obra de arte capital dentro de la historia del sultanato granadino, sino de toda la cerámica mediterránea e islámica.

Estado actual del Jarrón de las Gacelas

Pero, uno de los mayores atractivos de tan singular obra es que se conserva en el mismo espacio para el que se concibió, sin descontextualizaciones. Bien es cierto que la estancia precisa que ocupaba en la época nazarí se desconoce pero es el único jarrón que no se ha movido del palacio andalusí desde la segunda mitad del s. XIV. Por la calidad tanto de la pieza como de su decoración está fechado en la época del sultán Muhammad V, coincidiendo con el mayor esplendor de la dinastía materializado en el magnífico palacio de los Leones.

Detalle con las gacelas

Como suele ocurrir, una obra tan interesante no está exenta ni de historia ni de leyendas. Una historia que le ha hecho perder una de sus asas y que se encuentre partido por la mitad, además de perder parte de la cubierta de esmalte. La función de la pieza es ornamental y parece que, posiblemente, estuviera destinado al interior de una qubba (estancia cúbica o prismática cubierta con una cúpula o armadura poliédrica; en la Alhambra las más famosas son el Salón de Comares o de Embajadores, la Sala de las Dos Hermanas y la Sala de los Abencerrajes). A mediados del s.XVII se tiene la primera noticia de su ubicación en el Jardín de los Adarves donde permanecerá hasta la segunda mitad de la siguiente centuria junto al tristemente perdido Jarrón de la Banda (bajo estas líneas) y los restos de un tercer jarrón. De su estancia a la intemperie nos queda constancia en la pérdida de parte del vidriado y, posiblemente, en el asa desaparecida. Aunque el traslado era necesario para su conservación, los dos jarrones no poseían ninguna protección adicional en su nueva ubicación en la Torre de Comares, lo que motivó un informe firmado por Manuel Gómez-Moreno en enero de 1792, en el cual informa de la rotura de uno de los dos jarrones: "hallo que que avian quebrado la jarra situada en la rinconada a mano derecha de tal forma que no tenía composición, cuyo hecho informó un sargento inbalido de la guardia que estava en la entrada de la dicha real casa, lo havia executado un muchacho que se havia subido a lo alto de dicha jarra y esta y el muchacho havian caido al suelo quedando hecha tiestos la citada jarra".

Jarrón de la Banda. Dibujo de Diego Sánchez Sarabia, 1762.
Al mismo autor corresponde el dibujo que encabeza la entrada,
siendo realizado en el mismo año.

Hasta finales del s.XIX, donde se tiene constancia de su presencia en varias dependencias del Palacio de los Leones hasta que pasa -ya en el s.XX- al su actual emplazamiento en el Museo de la Alhambra, el Jarrón de las Gacelas permanecerá guardado a "cal y canto" dentro de una estancia del Patio de los Arrayanes sin posibilidad de acceder a verlo tal y como indican Richard Ford y Théophile Gautier (según Purificación Marinetto). Gracias a los dibujos que Diego Sánchez Sarabia realizara en el s.XVIII podemos reconstruir los dos grandes jarrones nazaríes y gracias al Romanticismo y a los viajes de los mencionados Richard Ford, Irving y Gautier además de las obras de Jules Goury, Owen Jones y Girault de Prangey entre otros, la imagen y la fama de la Alhambra se difunde por toda Europa cimentando la imagen mágica del monumento y empezando a poner en valor unos edificios que, en el s.XIX, estaban en un estado de conservación más que preocupante.

Actual emplazamiento del Jarrón de las Gacelas en el Museo de la Alhambra

Según la leyenda, tanto el Jarrón de las Gacelas como el de la Banda contenían un fabuloso tesoro que se destinó a costear las obras del Pilar de Carlos V, famosa fuente aledaña a la Puerta de la Justicia. Sin embargo, ya en el s.XVIII, el mencionado Sánchez Sarabia duda de la veracidad de la leyenda, la cual atribuía el hallazgo de los jarrones al Conde de Tendilla. En realidad, el auténtico tesoro es el jarrón, una auténtica joya del sultán Muhammad V, aunque no siempre se lo halla considerado así.





Para saber más sobre los jarrones nazaríes, os recomiendo el catálogo de la exposición que se celebró en el Palacio de Carlos V de la Alhambra entre el 21 de octubre de 2006 y el 4 de marzo de 2007: Los Jarrones de la Alhambra. Simbología y poder, editado por el Patronato de la Alhambra y el Generalife.

sábado, 4 de abril de 2009

LOS APUNTES DE EUCLIDES

Es una práctica habitual en la enseñanza -sobre todo en secundaria, bachillerato y en la universidad- que el profesor o profesora, realice unos apuntes propios para su asignatura. Después los deja en la copistería -o se suben a la red- para que los alumnos los puedan consultar. Éste recurso es más antiguo de lo que nos podemos imaginar.
La obra más famosa que ha perdurado de Euclides de Alejandría (325-265 a.C. aprox.) son “Los Elementos”, en realidad son los apuntes de un profesor de la “universidad” de Alejandría redactados con la finalidad de introducir a sus alumnos en la teoría de la geometría y el álgebra. Y aunque, en la época, la reproducción de textos era de forma manual eso no ha sido impedimento para su transmisión. No se ha hallado ninguna copia de los Elementos de Euclides que date realmente de la época del autor. Las ediciones modernas de los Elementos se basan en una revisión preparada por Teón de Alejandría casi después de 700 años de que se realizara el trabajo original. La historia de cómo ha llegado a nuestras manos esta obra fundamental –ya que la enseñanza de la geometría actual se basa en ella- es digna de contarse:

Manuscrito persa de los Elementos de Euclides, comentados por Nasir al-Din al- Tusi (siglo XIII).


En la segunda mitad del s.VIII asistimos a un verdadero “Renacimiento” de las ciencias y matemáticas clásicas en el mundo islámico. Bajo el califato abbasí, Bagdad se convierte en el centro cultural de la época que rescatará los antiguos manuscritos griegos, obtenidos mediante tratados con el Imperio Bizantino. Es durante el califato de Al- Mamun (809-833 d.C.) -hijo del mítico Harún Al-Rashid, el califa de Las mil y una noches- cuando, y siguiendo con la labor desempeñada por sus predecesores, se traducen al árabe todas las obras griegas de las que se tuvo constancia, incluida una versión completa de "Los Elementos" de Euclides de Alejandría , obra fundamental para las matemáticas y, especialmente para la geometría. El mismo califa funda en Bagdad -convertida en una nueva Alejandría- la Casa de la Sabiduría (Bait al-Hikma), una auténtica universidad que englobaba una academia y una biblioteca en la cual se podían encontrar escritos de todas las disciplinas conocidas, gracias a la traducción de todas las obras científicas y filosóficas del mundo antiguo. Entre los integrantes de la Casa de la Sabiduría destacaros al famoso matemático y astrónomo Mohamed ibn-Musa al-Khowarizmi, considerado como el “padre del álgebra”.


La primera traducción de los Elementos en inglés obra de H. Billingsley y publicada el 1582 por John Daye.


Los Elementos de Euclides “están divididos en trece libros o capítulos, de los cuales la primera media docena versan sobre geometría plana elemental; los tres siguientes tratan sobre teoría de números; el libro X sobre los inconmensurables y los tres últimos, principalmente sobre geometría de sólidos. No hay ninguna introducción o preámbulo en la obra, y el primer libro comienza abruptamente con una lista de 23 definiciones”. El prestigioso historiador y matemático Carl Benjamin Boyer (1906-1976) nos argumenta la finalidad de Euclides a la hora de escribir los Elementos: “La Universidad de Alejandría no era probablemente muy distinta de las instituciones modernas de enseñanza superior. Algunos de los miembros de la facultad sobresaldrían en la investigación; otros se adaptarían mejor a tareas administrativas y otros aún destacarían por su capacidad pedagógica. Según parece por las referencias que tenemos, Euclides pertenecía de manera muy definida a esta última categoría; no hay ningún descubrimiento nuevo que se le atribuya a él directamente, pero sí destacó por su habilidad expositiva. Ésa es la clave del éxito de su obra más importante, los Elementos: se trataba claramente de un libro de texto (…) Los Elementos no eran, como se piensa a veces, un compendio de todos los conocimientos geométricos, sino más bien un texto introductorio que cubría toda la matemática elemental…”

Primera edición de 1482.
Impresa por Erhard Ratdolt en Venecia.

Sobre cómo la gran obra de Euclides llega a la Península Ibérica, particularmente a Córdoba, y se difunde por Europa, Rafael de la Hoz Arderius sostiene una interesante teoría, la cual os reproduzco por su singularidad. El estudio del insigne arquitecto parte de la necesidad de comprobar de qué modo en la arquitectura de su Córdoba natal se manifestaba el número de oro o divina proporción:
“Se seleccionó Córdoba, donde se esperaba encontrar un uso masivo del rectángulo armónico, por su especial vinculación a la historia del conocimiento de la propor­ción áurea.
Dicha historia parte de Euclides de Alejandría, trescien­tos años antes de Cristo, quien en el libro II de su tratado Los Elementos, piedra angular del edificio matemáti­co, trata por primera vez de la media y extrema razón, proporción armónica, proporción áurea, o regla de oro.
Doce siglos después, Los Elementos fue traducido por Ishaq Ibn Hunein, corregido por Tabit Qurra, publicado por Alhazen y estudiado sistemáticamente en las escue­las de Córdoba, sobresaliendo en su análisis el matemá­tico cordobés Geber Ibn Aphla.
Córdoba fue depositaria y única usufructuaria del tesoro euclidiano durante la Edad Media.


Letra Capital de un manuscrito copiando el texto traducido de Adelardo de Bath.

Esta situación de privilegiado monopolio terminó por ser una de las primeras operaciones de espionaje científico de que se tiene memoria.
En 1120, el británico Adelardo de Bath, previamente adiestrado en el idioma, usos y costumbres y disfrazado de estudiante hispano-árabe, logró introducirse en nues­tras escuelas y sacar una copia de Los Elementos que fue publicada en 1472.


"La Civilización del Califato de Córdoba en la época de Abderramán III". Cuadro de Dionisio Baixeras, 1885. Paraninfo de la Universidad de Barcelona.

Hasta 1535, año en que se descubre el texto griego, Europa no cuenta más que con esta traducción árabe, por lo que los trabajos sobre la proporción armónica de Leonardo da Vinci y Luca Pacioli, decisivos para el Re­nacimiento, se hicieron necesariamente a partir del texto cordobés.
Con estos antecedentes, era razonable pensar que si en alguna arquitectura pre-renacentista se había empleado racionalmente la proporción áurea, este lugar no podía ser otro que Córdoba.”

Primera edición en castellano de Rodrigo Zamorano en 1576.
Si os interesa la podéis descargar desde mi web:
http://sites.google.com/site/dibujandoenalmonte/biblioteca-virtual

Encontré la edición en: http://www.odisea2008.com/

Texto completo de "Los Elementos" e información sobre las diferentes ediciones:

http://www.euclides.org/menu/elements_esp/indiceeuclides.htm

martes, 3 de marzo de 2009

La pirámide

Antiguo documental del famoso Doctor Jiménez del Oso. Aunque sus tesis son -en muchos casos- discutibles, es un buen ejemplo de lo que desconocemos del Egipto Faraónico.
Ésta es la primera parte, si te gusta y quieres ver las tres restantes, pincha en los enlaces debajo del vídeo.


Enlace de la primera parte (por si acaso): http://www.youtube.com/watch?v=1jnBZokvUdg

UNA TRÁGICA PÉRDIDA

  Fue la imagen insignia del aula de plástica del IES Doñana de Almonte (Huelva). Con unas medidas de 2,2 x 1,8 metros dio la bienvenida a c...