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lunes, 6 de septiembre de 2010

EL RASCACIELOS Y EL EMPERADOR


Sevilla tiene, como muchas ciudades, su personalidad propia. Nadie duda de su gran belleza... ni de lo mucho que lo publicamos los sevillanos. La "personalidad" de una ciudad la conforman, sobre todo, sus ciudadanos y, cómo no, sus edificios. Hay ciudades que buscan una identidad mediante la construcción de edificios emblemáticos, como el caso de la localidad sueca de Malmö. Allí, el arquitecto español Santiago Calatrava diseñó un nuevo símbolo para la ciudad, después de la desaparición de los grandes astilleros y de su gigantesca grúa que dominaba su paisaje. El edificio en cuestión es el Turning Torso, magnífico rascacielos inaugurado en 2005. Particularmente os diré que me gusta mucho la arquitectura contemporánea y no estoy en contra ni de la modernidad ni de nada por el estilo, pero... Pero hay muchas formas de hacer arquitectura, es comprensible el caso sueco o la desaforada fiebre por la construcción del emir de Dubai, donde el previsible agotamiento de las reservas de petróleo está convirtiendo al pequeño emirato en el centro de la arquitectura mundial con inversiones destinadas, principalmente, al turismo de lujo (mejor dicho de hiper lujo). Además, ¿la modernidad de un edificio se mide por su altura?. Actualmente hay propuestas muy interesantes de grandes edificios ecológicos, respetuosos con el medio ambiente tanto en su construcción como en los recursos que emplearán y no son necesariamente rascacielos, como el famoso "Cubo de agua" de Pekín.
Sevilla tiene, desde el 19 de marzo de 1198, un edificio emblemático que es -de hecho- el símbolo universal de nuestra ciudad: la Giralda. Aparte de folclorismos y demás, esta torre es algo más que un "rascacielos del siglo XII". Sus elegantes proporciones y acertado diseño (y me quedo corto) hacen decir a más de uno que "parece estar hecha toda de una vez". No es cuestión de analizar las bondades de tan singular emblema, ya que puedo caer -sin remisión- en el más recalcitrante chovinismo. Pero, pienso, que ya se han cometido bastantes desaciertos urbanísticos en Sevilla. Para muestra, un botón (y no digo nada del Mercado de la Encarnación, que vaya tela...):





Vale que eran necesarios los puentes para la circunvalación de la ciudad, y que conste que los de la Barqueta y del Alamillo creo que son obras singulares que aportan belleza a la ciudad. Pero un gigantesco puente colgante que se queda pequeño nada más inaugurarlo y que origina un fabuloso tapón en la congestionada SE-30, o las desafortunadas "colmenas" que pueblan barrios muy cercanos al centro... Vale, también puedo comprender que no siempre se ha tenido un buen gusto estético en la construcción de los bloques de viviendas y que el suelo es caro y que hay que construir hoteles y centros comerciales (en Sevilla siempre duele el sórdido caso de la Plaza del Duque). Todo eso lo comprendo, pero también se podían haber esmerado un poquito en algunos edificios que no son tan antiguos, vamos digo yo. Y cuando digo "esmerado", no me refiero a realizar "pastiches" que recreen estilos pasados haciendo de la ciudad una suerte de parque temático de ella misma. De todas formas, la concepción de preservación del patrimonio que tenemos en Sevilla es muy curiosa. Aunque hay ordenanzas y demás legislación, no es raro ver edificios antiguos en los que se aplica un curioso sistema de "rehabilitación". El sistema bien se pudiera denominar "bombardeo", ya que las apuntaladas fachadas dejan ver el vacío solar donde se eregirá la nueva construcción, eso sí, conservando la piel de la anterior ... un espléndido y nuevo edificio sin alma.
Creo que Sevilla tiene un edificio que es mucho más que un hito constructivo. Por eso creo que no nos hace falta cambiar una torre que es la perfecta fusión de dos culturas con centenares de años de historia a sus espaldas por el emblema de la mal llamada "modernidad": la Torre Cajasol. Símbolo, en mi humilde opinión del poder de la banca, de los políticos sobre el resto mortales. No critico que se construya el edificio, ni critico el diseño del arquitecto, César Pelli, pero no lo veo acertado en una zona donde no hay problemas para construir en horizontal. Sí critico el "ego" de los que quieren cambiar radicalmente la fisonomía de la ciudad. Se puede construir un edificio que aporte lo mismo y que sea más respetuoso con su entorno. Curiosamente, pude escuchar unas declaraciones del arquitecto argentino sobre la originalidad de su proyecto, la cual no niego pero me recuerda mucho, mucho a la Torre Iberdrola de Bilbao. Lo cual me hace reflexionar y acordarme de las famosas palabras del emperador Carlos I, al ver la Catedral que se construyó en el corazón de la aljama cordobesa: "Habéis destruido lo que era único en el mundo, y habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes". En fin, unos fotomontajes de la torre y de su gemela (la última) en Bilbao:











Más información:

miércoles, 30 de diciembre de 2009

LA LLAVE DE GRANADA


Una vez pasados los frenéticos días con los que terminan los trimestres en un Instituto, además de "ponerme al día" con varios asuntos que uno siempre deja para las vacaciones, vuelvo a retomar el blog. Los pasados días 16,17 y 18 de diciembre tuve la suerte de acompañar (junto a mis compañeros Lola y Juan Antonio) a un grupo de chavales de 1º de Bachillerato a visitar el Parque Natural de la Sierra de Grazalema en la bella provincia de Cádiz.


Aunque teníamos previsto realizar varios senderos como la Garganta Verde o el Pinsapar, la lluvia impidió que los visitaramos, quedan pendientes para la próxima vez. De todas formas, sí pudimos realizar parte del programa del viaje como el itinerario por el río Majaceite en El Bosque, donde también pudimos visitar su magnífico Jardín Botánico. Además de realizar actividades en el Aula de la Naturaleza de Grazalema, pudimos conocer varias de las localidades que forman parte de la famosa "ruta de los pueblos blancos" como Ubrique, Benaocaz, Villaluenga del Rosario (famosa por su queso de cabra "payoya"), Grazalema, Benamahoma, El Bosque y Zahara de la Sierra, cuyo misterioso castillo abre la entrada. Aunque os traigo algunas fotografías, os aseguro que no hacen justicia al maravilloso paisaje que tuvimos la ocasión de disfrutar.


Jardín Botánico "El Castillejo". El Bosque.

Ubrique

Benaocaz

Grazalema

De todos los pueblos visitados (os los recomiendo todos), el que más me ha impresionado ha sido Zahara de la Sierra. La carretera de acceso pasa por el muro del pantano que se extiende bajo el risco donde se levanta la población. Me recordó a "Tintín y la Isla Negra". El cielo nublado le confiere un misterioso encanto. El objetivo de la visita era ver los restos de la fortaleza nazarí que corona la villa. Se puede uno imaginar -sin complicaciones- los problemas que tuvieron los castellanos para conquistar la plaza.
Según cuenta la Historia, cuando Don Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz, toma la fortaleza de Zahara de la Sierra en 1483, sus muy católicas majestades -Isabel y Fernando- ya tenían en mente intensificar la conquista del último reino musulmán español. Pronto, Al-Andalus sería un doloroso recuerdo para los nazaríes que se fueron y para los moriscos que se quedaron. Se quedaron hasta que los nuevos soberanos (Felipe III) decidieron expulsarlos y, con ellos, se consumó una de las mayores pérdidas culturales de la historia de España.

Aunque existen vestigios arqueológicos sobre asentamientos en Zahara antes de la época andalusí, la primera noticia documentada de su existencia data del siglo XIII, más concretamente de 1282. Dada la importancia de la fortaleza, unido a su carácter fronterizo y a su seguridad, el rey castellano Alfonso X "El Sabio" se entrevista con el sultán marroquí Aben Yusef a quien le pide ayuda para combatir a su hijo, el futuro Sancho IV, que se había sublevado. El sultán accedió y la rebelión fue sofocada, una muestra más de que no siempre las relaciones entre cristianos y musulmanes fueron hostiles.


La primera conquista del castillo por los castellanos se realiza en 1407. En 1481 es reconquistado por los musulmanes hasta que, un par de años más tarde, pasara definitivamente a manos castellanas allanándose el camino hasta la mítica ciudad de la Alhambra. La toma del castillo tiene su propia leyenda: los moradores del castillo lanzaban piedras por la noche al precipicio. Si volaban las palomas, no había peligro. Sabedores de esta circunstancia, los castellanos se situaron en el fondo y cuando cayeron las piedras soltaron palomas torcaces tomando desprevenidos a los centinelas musulmanes... después de una buena escalada.


Interior de la Torre del Homenaje, última línea de defensa de la fortaleza.


Dos vistas desde el castillo


La preciosa Iglesia de Santa María, bello ejemplo del barroco andaluz.

jueves, 27 de agosto de 2009

FALSAS APARIENCIAS

Una de mis escenas preferidas de la película "La huella" (su título original es "Sleuth"), es cuando Milo Tindle (Michael Caine) pone a prueba los nervios y la razón del escritor Andrew Wyke (Laurence Olivier) proponiéndole un juego morboso: descubrir cuatro pruebas ocultas en la casa de Wyke, que incriminan al escritor en el asesinato de su amante, crimen cometido -en principio- por Tindle. La primera prueba es una pulsera de cristal. Todos los objetos incriminatorios están ocultos sí, pero a la vista. Para encontrar la pulsera, Tindle le facilita una pista "miras a través de él pero no lo ves". Después de unos momentos de frenética y desordenada búsqueda, Wyke reflexiona: "Miras a través de él pero no lo ves... ¡ese es el truco!. Entonces, el único modo de ocultar algo transparente y convertirlo en invisible aunque... aunque esté a la vista es... es ponerlo dentro de otra cosa transparente..." Así descubre el objeto dentro del vaso que estaba utilizando Tindle. No os contaré mucho más de la película por si no la habéis visto, pero os la recomiendo. Es una obra maestra de Joseph Mankiewicz, estrenada en diciembre de 1972 y con dos únicos y grandes actores de reparto -Olivier y Caine- y la fantástica casa del escritor como escenario de una muy ingeniosa y divertida trama.

Hay otra gran película en la que podemos ver algo similar. En 1976 Alfred Hitchcock dirige su última película "La Trama" (original "Family Plot" y que en Hispanoamérica se tradujo como "Trama macabra"). Uno de los personajes es Arthur Adamson, (William Devane) un importante joyero, que se ¨distrae¨ aumentando su fortuna con secuestros por los que obtiene fuertes rescates, consistentes en piedras preciosas. Precisamente esconde los diamantes en la fabulosa araña de cristal que cuelga del recibidor de su casa. Así las piedras están perfectamente ocultas sin dejar de estar a la vista.
Pero es curioso cómo, más veces de las que creemos, estamos delante de algo sin verlo. Eso ocurre con el "desaparecido" alminar de la Mezquita de Córdoba. En varias publicaciones nos informan que, el actual campanario fue edificado por Hernán Ruiz III en el solar que ocupaba el antiguo alminar de Abd al-Rahman III. Sin embargo, gran parte del alminar se conserva... dentro de la torre actual.


Vista actual de la torre

En 1975, se publica "El alminar de Abd al-Rahman III en la mezquita mayor de Córdoba. Génesis y repercusiones" (editado por el patronado de la Alhambra de Granada). Constituye un auténtico legado póstumo del insigne profesor D. Félix Hernández Giménez (1889-1975). El estudio recoge las investigaciones efectuadas en la torre en la década de 1930, las cuales dirige bajo la constatación documental de la existencia del alminar dentro del campanario. El alminar fue edificado por el primer califa cordobés y se inauguró en el 952 -algunos autores adelantan la fecha a 946- para sustituir al de Hisham I cuya cimentación encontró D. Félix en el actual Patio de los Naranjos cordobés. La torre pudo alcanzar los 47 metros de altura por 8,5 m en la base y ofrecería el siguiente aspecto:



Reconstrucción del alminar según Hernández Giménez. Lo que subsiste aparece sombreado.

Lo que se conserva del alminar coincide con el primer cuerpo del actual campanario, otorgándole una visión decreciente. Interiormente se organizaba con dos cajas de escalera simétricas que desembocarían en la azotea del primer cuerpo. Según Hernández Giménez, la solución de las escaleras gemelas -única en su género- se debió a la falta de experiencia en la construcción de grandes alminares y al poco tiempo para su construcción (unos 13 meses), sin embargo para los cronistas musulmanes de la época era un elemento diferenciador que demostraba la superioridad de la arquitectura cordobesa, ya califal. Sea como fuere, es cierto que ni antes ni después se empleó esta solución ya que los grandes alminares almohades optan por una suave rampa que asciende helicoidalmente por el interior de la torre. Para alminares de menor envergadura, como la actual torre de la Iglesia del Salvador en Sevilla, tanto anteriores como posteriores se suele emplear una escalera de caracol.


Vista de uno de los tramos de escalera del alminar descubiertos a principios de la década de 1930

El huracán de 1589 destruyó el yamur que coronaba la torre (el mismo coronamiento que poseyó la Giralda y que actualmente conserva la Koutubia), de tal forma que, el Cabildo cordobés, encarga al arquitecto Hernán Ruiz III el diseño de un nuevo campanario que sustituyera el provisional edificado después del derrumbe. No es de extrañar el similar diseño del campanario cordobés en comparación con el realizado en la Giralda, ya que, además de estar construído por el padre del arquitecto, la Giralda sevillana sirvió de modelo a muchas torres andaluzas. Sin embargo el gran peso del nuevo campanario hace que aparezcan preocupantes grietas en el antiguo alminar lo que determina, ya avanzado el s.XVII, el macizado del interior ocultando escaleras y bóvedas además de la construcción de una nueva "epidermis" que recubre y oculta casi en su totalidad al alminar, ya que -según Hernández Giménez- el muro este, aledaño a la Puerta del Perdón, todavía se puede observar:

Aunque no era la intención primitiva de las obras del campanario, ellas ocultaron al alminar con otra torre y, gracias a ella, todavía se conserva en su interior. De haber aguantado las pesadas piedras renacentistas o si se hubiera ejecutado otro diseño más ligero, el actual campanario cordobés tendría una imagen bien distinta...

Para finalizar, un corto pero muy bonito vídeo sobre la capital cordobesa:


http://www.youtube.com/watch?v=HlsNL_wvaLE

domingo, 23 de agosto de 2009

EL "HOMBRE RÍO"


Desde hace un tiempo sigo el blog "Entrete-Nido" (http://entrete-nido.blogspot.com/). Sé que lo publica un cordobés que -bajo el seudónimo (o "nick") de rojunson- nos introduce en un fantástico universo protagonizado por la inmortal ciudad de Córdoba. Aunque la mayoría de los contenidos son de la capital califal, podemos disfrutar de sus fotografías, dibujos, música, cómics... hasta las instrucciones de una interesante aplicación para el Google Earth: el "vuelo americano", fotografías aéreas de Andalucía de mediados del s. XX que se pueden cotejar con las actuales, es muy curioso lo que han crecido nuestras ciudades en las últimas décadas. Un rincón especial tienen los monumentos cordobeses representados por magníficas presentaciones en 3D, para muestra, un botón:

http://www.youtube.com/watch?v=Kg-6TYWFRhA

Lo último que he estado viendo es la curiosa historia de la escultura cuya imagen encabeza la entrada: el "Hombre Río". Recuerdo vagamente haber oído algo sobre el tema hace algún tiempo pero desconocía los avatares de tan singular obra. Una mañana de mediados de abril de 2006 apareció la escultura cerca del controvertido puente de Miraflores de la capital cordobesa. Nadie sabía quién la había instalado allí, no había ningún tipo de permiso oficial ni conocimiento por parte del Ayuntamiento. Nada sabían del tema ni la Junta de Andalucía, ni la Diputación, ni siquiera la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Ni decir tiene que, la escultura, suscitó inmediatamente mucho interés entre los cordobeses con sus partidarios y detractores, además de cierta polémica entre las administraciones públicas que se afanaban en conocer la procedencia de tan singular obra.
La escultura estaba realizada en corcho blanco y patinada simulando piedra, flotaba sobre el Guadalquivir tranquilamente variando su posición y anclada al fondo para evitar su deriva. Dadas la nocturnidad y prisas en su colocación, fallaron los anclajes y la escultura partió hasta el próximo Molino de Martos a la semana de aparecer. Sin embargo, ya se conocieron los autores y el motivo de tan singular hazaña. Los escultores Rafael Cornejo y Francisco Marcos la realizaron como aportación particular a la candidatura de Córdoba como Capital Europea de la Cultura 2016.
El Ayuntamiento puso en valor la obra y -ya con todos los permisos oportunos- financió una copia en resina de poliéster que se instaló con la presencia de la alcaldesa el 8 de enero de 2007. Desgraciadamente, en noviembre del mismo año las crecidas aguas del Guadalquivir volvieron a soltar la escultura de sus anclajes y se quedó varada y muy maltrecha en una de las márgenes del Gualdalquivir. Sobre si volverá al río, sé que el Ayuntamiento cordobés destinó una partida presupuestaria en 2008 para ello, pero -que yo sepa- hasta la fecha sigue sin instalarse... En fin, supongo que la crisis nos toca a todos, aunque seamos esculturas... Espero que la vuelvan a instalar lo más pronto posible.
Encontraréis más información en http://hombree.blogspot.com/



Más sobre el "Hombre río":

http://www.20minutos.es/noticia/113045/0/hombre/rio/guadalquivir/

lunes, 10 de agosto de 2009

MARRAKECH

Según el historiador andalusí Ibn Bassam (fallecido en 1147), alrededor del año 1060 el rey sevillano al-Mutadid recibe una carta de Suqut de Sabta informándole que los almorávides habían instalado un campamento en la "rahba de Marrakech". Aunque la corte sevillana intenta quitarle importancia al avance de los "hombres velados", al-Mutadid conocía la profecía por la cual su linaje desaparecería bajo una oleada de tribus africanas y ordenó al gobernador de Algeciras fortificar Gibraltar... el avance de los almorávides fue imparable a pesar de mediar el mar y el desierto. Antes de finalizar la década, el campamento de los "hombres velados" se había convertido en una ciudad que estaría íntimamente ligada a Sevilla y, como he tenido la suerte de comprobar, todavía continúa bastante más unida de lo que me podía esperar.

Entrada a la Kasba

El historiador Hamid Triki en "Marrakech: retrato histórico de una metrópolis medieval. Siglos XI-XII" (dentro del libro "La Arquitectura del Islam Occidental") además de ofrecer otras hipótesis y siguiendo la transcripción del príncipe zirí granadino Abd Allah ibn Bulugin, traduce el significado del nombre de la ciudad roja en la encrucijada del Atlas, del Sáhara y del Anti Altlas como: "el lugar que está bajo la protección de Akus". Sea como fuere, el nombre de la zona que adopta la ciudad es anterior a la llegada del emir almorávide que funda la futura capital almohade en el continente africano, rango que compartirá con su hermana andalusí: Sevilla.

Parto de esta pequeña reseña histórica porque, en mi opinión, las dos capitales almohades conservan más similitudes que diferencias. Paseando por su medina, visitando sus monumentos y palacios, hablando con sus hospitalitarios y amables ciudadanos más de una vez he creído estar de turista en mi propia ciudad. Marrakech es una cápsula del tiempo, conserva sus murallas, su laberíntica medina y sus antiguos monumentos que nos ofrecen una posibilidad de recrear el aspecto de la ciudad hispalense en la época del imperio almohade. El color rosado de su famosa Koutoubia impregna todos los edificios de la ciudad ya sean históricos o de nueva planta, incluso los bloques de viviendas y hoteles de los modernos barrios de Hivernage y Gueliz.

Un patio del Palacio Bahia (s. XIX)

Tal y como esperaba, el alminar de la Koutoubia (la mezquita de los libreros) tiene la belleza de su hermana sevillana y, al igual que la Giralda, es bien visible desde casi toda la ciudad. El entramado urbano marrakusí me recuerda al de la capital andaluza: los grandes jardines de la Menara serían la Buharya sevillana, de tal forma que desde los dos jardines se divisan sus respectivos alminares. Cerca de las torres se encuentran los respectivos palacios reales que hoy en día utilizan las dinastías reinantes en España y Marruecos. Las calles del barrio de Santa Cruz de Sevilla son idénticas a las que visitamos de camino al Museo dar Si Said.

Esta plaza está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

Marrakech es una ciudad de grandes contrastes para todos los sentidos. Posee una luz andaluza, al igual que sus elevadas temperaturas; multitud de olores a especias, cuero, aceite, frituras, carne asada... Una rica gastronomía de la que pudimos dar buena cuenta, si tenéis la posibilidad de visitarla nunca despreciéis el maravilloso té de menta. El sonido de las flautas encantadoras de serpientes y las darbukas se mezclan con las llamadas a la oración en la famosa Plaza de Jamaa el Fna, auténtico corazón de la ciudad que nos introduce en un zoco donde se pueden adquirir desde alfombras hasta especias pasando por todos los "souvenirs" propios de la ciudad.

El Palmeral

Pero, Marrakech es, además, una urbe moderna con buenas infraestructuras como su espacioso aeropuerto, su bonita estación de trenes, un magnífico teatro real... Es cierto que no todo es oropel y boato, existen barrios pobres en las afueras de la ciudad. Pudimos verlos de ida al Palmeral. Existen grandes mansiones rodeadas de pobreza... por nuestra parte, y antes de recurrir a los tópicos que tienen muchos españoles del país vecino, estaría bien recordar barriadas sevillanas como las 3000 viviendas, el Vacie o, incluso, La Cañada madrileña. Los constrastes entre pobreza y riqueza de Marrakech no son mayores de los de la Sevilla de los años setenta. Cuando volvía de regreso a Sevilla (el avión nos dejaba en Madrid y retornamos en el Ave) ví un cartel en la estación de Córdoba, donde hicimos una parada: "Andalucía mira hacia Europa"... a ver cuando miramos y vemos a Marruecos, con el que compartimos tanta historia en común. No será la última entrada dedicada a la ciudad roja, a la que espero volver en cuanto pueda.


Aeropuerto de la Menara

Estación de ferrocarril

¡Cómo no iba a estar Mc Donald´s!

lunes, 3 de agosto de 2009

LAS TRES HERMANAS


Desde que tengo memoria, la esbelta silueta de la Giralda siempre me ha impresionado. Con el tiempo he apredido parte de sus más de 800 años de historia. Una historia que comienza en un Al-Andalus gobernado por el califa almohade Yusuf I, el rey islámico que emprende la reforma urbana más importante en Sevilla hasta el siglo XX. El alminar se erige, orgulloso, como un hito religioso para la llamada a la oración de los creyentes (de hecho, la palabra "alminar" significa faro). Pero también tiene un significado político (como nuestras actuales obras públicas: autopistas, trenes de alta velocidad, estadios deportivos...), todos los gobernantes tienen una implacable sed de "dejar huella" gracias a las construcciones que impulsan. Además, y gracias a su altura, se convierte en una atalaya capaz de vigilar todos los alrededores de Sevilla. No sólo es el edificio más alto de la capital peninsular almohade sino de toda Europa en su época (le arrebató el "record" la flecha de la torre de la Catedral de Estrasburgo) .

El alminar fue construido entre 1184 y 1198 por orden del califa Yusuf I y concluido por su hijo y sucesor Al-Mansur. Cuando, en 1248, el rey castellano Fernando III conquista la ciudad, el alminar almohade se convierte en campanario y la gran aljama en Catedral. Sin embargo, al contrario que ocurrió en Córdoba y al igual que en Granada, la mezquita no subsistió aunque aún pueden contemplarse su patio de abluciones y su puerta principal (actuales Patio de los Naranjos y Puerta del Perdón). En su lugar se construyó el edificio gótico más grande del mundo y, después de S. Pedro del Vaticano y S. Pablo de Londres, el tercer templo de la Cristiandad. Entre 1557 y 1568, el arquitecto cordobés Hernán Ruiz II constuirá el bellísimo campanario que conforma no sólo la imagen más universal de Sevilla, sino una simbiosis perfecta entre dos culturas que (junto a la hebrea) se toleraron y se respetaron, si bien no de una forma tan idealizada como se cree, durante más de siete siglos. Debo puntualizar que ése no era el propósito ni del Cabildo (que quiere "convertir" el antiguo alminar con un programa contrarreformista) ni del arquitecto; no hay más que recordar que, en la primera década del s.XVI se decretó la expulsión de los moriscos. Es, más bien, una apreciación propia a la vista de un edificio que cualquier sevillano os dirá que "parece estar hecho todo de una vez".


Los tres estados principales de la Giralda. Hipótesis de Alejandro Guichot, 1910. A la izquierda el alminar almohade, en el centro el estado actual y, a la derecha, la torre mudéjar anterior a las obras del s. XVI.

Pero, la Giralda, tiene antecedentes y descencientes. Anterior es el gran alminar de la mezquita de la Kutubiyya o Koutoubia de Marrakech e, inmediatamente posterior, la bella e inacabada Torre Hassan de Rabat, ambas en Marruecos. Precisamente, al final de esta semana, voy a visitar a una de las dos hermanas de nuestra torre: la Koutoubia. De ahí esta entrada. Llevo muchas semanas preparando mi primer viaje al vecino reino de Marruecos y, aunque sólo estaré unos días en Marrakech (la capital africana de la dinastía almohade), seguro que la experiencia de ver a tan insigne familiar de la torre sevillana habrá merecido la pena, ya os contaré.

Dejo para otra entrada la gran "prole" del antiguo alminar sevillano, ya que ha inspirado a otros arquitectos en sus construcciones tanto en España (Moguer, Carmona, San Juan de Aznalfarache, Tarragona, Badajoz...) como en el extranjero (Lovaina, Nueva York, Miami, Kansas City o La Habana).


Alminar de la mezquita de la Kutubiyya o Koutoubia

La torre Hassan

Para finalizar, un vídeo de las campanas de la Giralda...




http://www.youtube.com/watch?v=q95tKGAysjM

sábado, 18 de julio de 2009

LA JOYA DEL SULTÁN

Al visitar un enclave tan singular como la Alhambra, me es inevitable imaginar cómo sería en la época de su mayor esplendor. Lógicamente, el ejercicio es más complejo cuanto menos restos quedan de su original fisonomía, como ocurre en el anfiteatro romano de Itálica (muy cerca de Sevilla) o en las ruinas de la califal Medina Azahara. Pero, dentro de las murallas y palacios edificados sobre la colina de la Sabika, se puede -gracias a la milagrosa conservación de numerosos espacios- recrear con la imaginación cómo pudo haber sido el castillo nazarí. Aunque se conservan bastante bien numerosas estancias, hay pocos objetos como el Jarrón de las Gacelas -con cuya imagen encabezamos la entrada- que nos induzcan a los mismos pensamientos románticos que antes refería y que tan bien describre Washington Irving al referirse a la Fortaleza Roja: "El peculiar encanto de este viejo palacio es su poder de evocar vagos ensueños y representaciones del pasado, vistiendo así la descarnada realidad con las ilusiones de la memoria y de la imaginación".

El Jarrón en el interior de la Sala de las Dos Hermanas

El Jarrón de las Gacelas es una monumental obra cerámica vidriada en blanco, azul y dorado de 134 cm de altura y un diámetro máximo en su "panza" de 70 cm, sorprendiendo los escasos 14 cm de su base lo que -según varios autores- nos revela que tendría algún tipo de soporte para garantizar su estabilidad. Además, según Purificación Marinetto, guarda un sistema de proporciones casi perfecto dentro de la raiz cuadrada de cuatro que, sumado al movimiento convexo-cóncavo y a la fantástica ejecución de su ornamentación (como refiere el profesor Fernández-Puertas) hacen de este jarrón no sólo una obra de arte capital dentro de la historia del sultanato granadino, sino de toda la cerámica mediterránea e islámica.

Estado actual del Jarrón de las Gacelas

Pero, uno de los mayores atractivos de tan singular obra es que se conserva en el mismo espacio para el que se concibió, sin descontextualizaciones. Bien es cierto que la estancia precisa que ocupaba en la época nazarí se desconoce pero es el único jarrón que no se ha movido del palacio andalusí desde la segunda mitad del s. XIV. Por la calidad tanto de la pieza como de su decoración está fechado en la época del sultán Muhammad V, coincidiendo con el mayor esplendor de la dinastía materializado en el magnífico palacio de los Leones.

Detalle con las gacelas

Como suele ocurrir, una obra tan interesante no está exenta ni de historia ni de leyendas. Una historia que le ha hecho perder una de sus asas y que se encuentre partido por la mitad, además de perder parte de la cubierta de esmalte. La función de la pieza es ornamental y parece que, posiblemente, estuviera destinado al interior de una qubba (estancia cúbica o prismática cubierta con una cúpula o armadura poliédrica; en la Alhambra las más famosas son el Salón de Comares o de Embajadores, la Sala de las Dos Hermanas y la Sala de los Abencerrajes). A mediados del s.XVII se tiene la primera noticia de su ubicación en el Jardín de los Adarves donde permanecerá hasta la segunda mitad de la siguiente centuria junto al tristemente perdido Jarrón de la Banda (bajo estas líneas) y los restos de un tercer jarrón. De su estancia a la intemperie nos queda constancia en la pérdida de parte del vidriado y, posiblemente, en el asa desaparecida. Aunque el traslado era necesario para su conservación, los dos jarrones no poseían ninguna protección adicional en su nueva ubicación en la Torre de Comares, lo que motivó un informe firmado por Manuel Gómez-Moreno en enero de 1792, en el cual informa de la rotura de uno de los dos jarrones: "hallo que que avian quebrado la jarra situada en la rinconada a mano derecha de tal forma que no tenía composición, cuyo hecho informó un sargento inbalido de la guardia que estava en la entrada de la dicha real casa, lo havia executado un muchacho que se havia subido a lo alto de dicha jarra y esta y el muchacho havian caido al suelo quedando hecha tiestos la citada jarra".

Jarrón de la Banda. Dibujo de Diego Sánchez Sarabia, 1762.
Al mismo autor corresponde el dibujo que encabeza la entrada,
siendo realizado en el mismo año.

Hasta finales del s.XIX, donde se tiene constancia de su presencia en varias dependencias del Palacio de los Leones hasta que pasa -ya en el s.XX- al su actual emplazamiento en el Museo de la Alhambra, el Jarrón de las Gacelas permanecerá guardado a "cal y canto" dentro de una estancia del Patio de los Arrayanes sin posibilidad de acceder a verlo tal y como indican Richard Ford y Théophile Gautier (según Purificación Marinetto). Gracias a los dibujos que Diego Sánchez Sarabia realizara en el s.XVIII podemos reconstruir los dos grandes jarrones nazaríes y gracias al Romanticismo y a los viajes de los mencionados Richard Ford, Irving y Gautier además de las obras de Jules Goury, Owen Jones y Girault de Prangey entre otros, la imagen y la fama de la Alhambra se difunde por toda Europa cimentando la imagen mágica del monumento y empezando a poner en valor unos edificios que, en el s.XIX, estaban en un estado de conservación más que preocupante.

Actual emplazamiento del Jarrón de las Gacelas en el Museo de la Alhambra

Según la leyenda, tanto el Jarrón de las Gacelas como el de la Banda contenían un fabuloso tesoro que se destinó a costear las obras del Pilar de Carlos V, famosa fuente aledaña a la Puerta de la Justicia. Sin embargo, ya en el s.XVIII, el mencionado Sánchez Sarabia duda de la veracidad de la leyenda, la cual atribuía el hallazgo de los jarrones al Conde de Tendilla. En realidad, el auténtico tesoro es el jarrón, una auténtica joya del sultán Muhammad V, aunque no siempre se lo halla considerado así.





Para saber más sobre los jarrones nazaríes, os recomiendo el catálogo de la exposición que se celebró en el Palacio de Carlos V de la Alhambra entre el 21 de octubre de 2006 y el 4 de marzo de 2007: Los Jarrones de la Alhambra. Simbología y poder, editado por el Patronato de la Alhambra y el Generalife.

sábado, 4 de abril de 2009

LOS APUNTES DE EUCLIDES

Es una práctica habitual en la enseñanza -sobre todo en secundaria, bachillerato y en la universidad- que el profesor o profesora, realice unos apuntes propios para su asignatura. Después los deja en la copistería -o se suben a la red- para que los alumnos los puedan consultar. Éste recurso es más antiguo de lo que nos podemos imaginar.
La obra más famosa que ha perdurado de Euclides de Alejandría (325-265 a.C. aprox.) son “Los Elementos”, en realidad son los apuntes de un profesor de la “universidad” de Alejandría redactados con la finalidad de introducir a sus alumnos en la teoría de la geometría y el álgebra. Y aunque, en la época, la reproducción de textos era de forma manual eso no ha sido impedimento para su transmisión. No se ha hallado ninguna copia de los Elementos de Euclides que date realmente de la época del autor. Las ediciones modernas de los Elementos se basan en una revisión preparada por Teón de Alejandría casi después de 700 años de que se realizara el trabajo original. La historia de cómo ha llegado a nuestras manos esta obra fundamental –ya que la enseñanza de la geometría actual se basa en ella- es digna de contarse:

Manuscrito persa de los Elementos de Euclides, comentados por Nasir al-Din al- Tusi (siglo XIII).


En la segunda mitad del s.VIII asistimos a un verdadero “Renacimiento” de las ciencias y matemáticas clásicas en el mundo islámico. Bajo el califato abbasí, Bagdad se convierte en el centro cultural de la época que rescatará los antiguos manuscritos griegos, obtenidos mediante tratados con el Imperio Bizantino. Es durante el califato de Al- Mamun (809-833 d.C.) -hijo del mítico Harún Al-Rashid, el califa de Las mil y una noches- cuando, y siguiendo con la labor desempeñada por sus predecesores, se traducen al árabe todas las obras griegas de las que se tuvo constancia, incluida una versión completa de "Los Elementos" de Euclides de Alejandría , obra fundamental para las matemáticas y, especialmente para la geometría. El mismo califa funda en Bagdad -convertida en una nueva Alejandría- la Casa de la Sabiduría (Bait al-Hikma), una auténtica universidad que englobaba una academia y una biblioteca en la cual se podían encontrar escritos de todas las disciplinas conocidas, gracias a la traducción de todas las obras científicas y filosóficas del mundo antiguo. Entre los integrantes de la Casa de la Sabiduría destacaros al famoso matemático y astrónomo Mohamed ibn-Musa al-Khowarizmi, considerado como el “padre del álgebra”.


La primera traducción de los Elementos en inglés obra de H. Billingsley y publicada el 1582 por John Daye.


Los Elementos de Euclides “están divididos en trece libros o capítulos, de los cuales la primera media docena versan sobre geometría plana elemental; los tres siguientes tratan sobre teoría de números; el libro X sobre los inconmensurables y los tres últimos, principalmente sobre geometría de sólidos. No hay ninguna introducción o preámbulo en la obra, y el primer libro comienza abruptamente con una lista de 23 definiciones”. El prestigioso historiador y matemático Carl Benjamin Boyer (1906-1976) nos argumenta la finalidad de Euclides a la hora de escribir los Elementos: “La Universidad de Alejandría no era probablemente muy distinta de las instituciones modernas de enseñanza superior. Algunos de los miembros de la facultad sobresaldrían en la investigación; otros se adaptarían mejor a tareas administrativas y otros aún destacarían por su capacidad pedagógica. Según parece por las referencias que tenemos, Euclides pertenecía de manera muy definida a esta última categoría; no hay ningún descubrimiento nuevo que se le atribuya a él directamente, pero sí destacó por su habilidad expositiva. Ésa es la clave del éxito de su obra más importante, los Elementos: se trataba claramente de un libro de texto (…) Los Elementos no eran, como se piensa a veces, un compendio de todos los conocimientos geométricos, sino más bien un texto introductorio que cubría toda la matemática elemental…”

Primera edición de 1482.
Impresa por Erhard Ratdolt en Venecia.

Sobre cómo la gran obra de Euclides llega a la Península Ibérica, particularmente a Córdoba, y se difunde por Europa, Rafael de la Hoz Arderius sostiene una interesante teoría, la cual os reproduzco por su singularidad. El estudio del insigne arquitecto parte de la necesidad de comprobar de qué modo en la arquitectura de su Córdoba natal se manifestaba el número de oro o divina proporción:
“Se seleccionó Córdoba, donde se esperaba encontrar un uso masivo del rectángulo armónico, por su especial vinculación a la historia del conocimiento de la propor­ción áurea.
Dicha historia parte de Euclides de Alejandría, trescien­tos años antes de Cristo, quien en el libro II de su tratado Los Elementos, piedra angular del edificio matemáti­co, trata por primera vez de la media y extrema razón, proporción armónica, proporción áurea, o regla de oro.
Doce siglos después, Los Elementos fue traducido por Ishaq Ibn Hunein, corregido por Tabit Qurra, publicado por Alhazen y estudiado sistemáticamente en las escue­las de Córdoba, sobresaliendo en su análisis el matemá­tico cordobés Geber Ibn Aphla.
Córdoba fue depositaria y única usufructuaria del tesoro euclidiano durante la Edad Media.


Letra Capital de un manuscrito copiando el texto traducido de Adelardo de Bath.

Esta situación de privilegiado monopolio terminó por ser una de las primeras operaciones de espionaje científico de que se tiene memoria.
En 1120, el británico Adelardo de Bath, previamente adiestrado en el idioma, usos y costumbres y disfrazado de estudiante hispano-árabe, logró introducirse en nues­tras escuelas y sacar una copia de Los Elementos que fue publicada en 1472.


"La Civilización del Califato de Córdoba en la época de Abderramán III". Cuadro de Dionisio Baixeras, 1885. Paraninfo de la Universidad de Barcelona.

Hasta 1535, año en que se descubre el texto griego, Europa no cuenta más que con esta traducción árabe, por lo que los trabajos sobre la proporción armónica de Leonardo da Vinci y Luca Pacioli, decisivos para el Re­nacimiento, se hicieron necesariamente a partir del texto cordobés.
Con estos antecedentes, era razonable pensar que si en alguna arquitectura pre-renacentista se había empleado racionalmente la proporción áurea, este lugar no podía ser otro que Córdoba.”

Primera edición en castellano de Rodrigo Zamorano en 1576.
Si os interesa la podéis descargar desde mi web:
http://sites.google.com/site/dibujandoenalmonte/biblioteca-virtual

Encontré la edición en: http://www.odisea2008.com/

Texto completo de "Los Elementos" e información sobre las diferentes ediciones:

http://www.euclides.org/menu/elements_esp/indiceeuclides.htm

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