martes, 24 de enero de 2012
lunes, 6 de septiembre de 2010
EL RASCACIELOS Y EL EMPERADOR
Sevilla tiene, desde el 19 de marzo de 1198, un edificio emblemático que es -de hecho- el símbolo universal de nuestra ciudad: la Giralda. Aparte de folclorismos y demás, esta torre es algo más que un "rascacielos del siglo XII". Sus elegantes proporciones y acertado diseño (y me quedo corto) hacen decir a más de uno que "parece estar hecha toda de una vez". No es cuestión de analizar las bondades de tan singular emblema, ya que puedo caer -sin remisión- en el más recalcitrante chovinismo. Pero, pienso, que ya se han cometido bastantes desaciertos urbanísticos en Sevilla. Para muestra, un botón (y no digo nada del Mercado de la Encarnación, que vaya tela...):
miércoles, 30 de diciembre de 2009
LA LLAVE DE GRANADA
Dos vistas desde el castillo
jueves, 27 de agosto de 2009
FALSAS APARIENCIAS
Una de mis escenas preferidas de la película "La huella" (su título original es "Sleuth"), es cuando Milo Tindle (Michael Caine) pone a prueba los nervios y la razón del escritor Andrew Wyke (Laurence Olivier) proponiéndole un juego morboso: descubrir cuatro pruebas ocultas en la casa de Wyke, que incriminan al escritor en el asesinato de su amante, crimen cometido -en principio- por Tindle. La primera prueba es una pulsera de cristal. Todos los objetos incriminatorios están ocultos sí, pero a la vista. Para encontrar la pulsera, Tindle le facilita una pista "miras a través de él pero no lo ves". Después de unos momentos de frenética y desordenada búsqueda, Wyke reflexiona: "Miras a través de él pero no lo ves... ¡ese es el truco!. Entonces, el único modo de ocultar algo transparente y convertirlo en invisible aunque... aunque esté a la vista es... es ponerlo dentro de otra cosa transparente..." Así descubre el objeto dentro del vaso que estaba utilizando Tindle. No os contaré mucho más de la película por si no la habéis visto, pero os la recomiendo. Es una obra maestra de Joseph Mankiewicz, estrenada en diciembre de 1972 y con dos únicos y grandes actores de reparto -Olivier y Caine- y la fantástica casa del escritor como escenario de una muy ingeniosa y divertida trama.
Vista actual de la torre
En 1975, se publica "El alminar de Abd al-Rahman III en la mezquita mayor de Córdoba. Génesis y repercusiones" (editado por el patronado de la Alhambra de Granada). Constituye un auténtico legado póstumo del insigne profesor D. Félix Hernández Giménez (1889-1975). El estudio recoge las investigaciones efectuadas en la torre en la década de 1930, las cuales dirige bajo la constatación documental de la existencia del alminar dentro del campanario. El alminar fue edificado por el primer califa cordobés y se inauguró en el 952 -algunos autores adelantan la fecha a 946- para sustituir al de Hisham I cuya cimentación encontró D. Félix en el actual Patio de los Naranjos cordobés. La torre pudo alcanzar los 47 metros de altura por 8,5 m en la base y ofrecería el siguiente aspecto:

Reconstrucción del alminar según Hernández Giménez. Lo que subsiste aparece sombreado.
Lo que se conserva del alminar coincide con el primer cuerpo del actual campanario, otorgándole una visión decreciente. Interiormente se organizaba con dos cajas de escalera simétricas que desembocarían en la azotea del primer cuerpo. Según Hernández Giménez, la solución de las escaleras gemelas -única en su género- se debió a la falta de experiencia en la construcción de grandes alminares y al poco tiempo para su construcción (unos 13 meses), sin embargo para los cronistas musulmanes de la época era un elemento diferenciador que demostraba la superioridad de la arquitectura cordobesa, ya califal. Sea como fuere, es cierto que ni antes ni después se empleó esta solución ya que los grandes alminares almohades optan por una suave rampa que asciende helicoidalmente por el interior de la torre. Para alminares de menor envergadura, como la actual torre de la Iglesia del Salvador en Sevilla, tanto anteriores como posteriores se suele emplear una escalera de caracol.

Vista de uno de los tramos de escalera del alminar descubiertos a principios de la década de 1930
El huracán de 1589 destruyó el yamur que coronaba la torre (el mismo coronamiento que poseyó la Giralda y que actualmente conserva la Koutubia), de tal forma que, el Cabildo cordobés, encarga al arquitecto Hernán Ruiz III el diseño de un nuevo campanario que sustituyera el provisional edificado después del derrumbe. No es de extrañar el similar diseño del campanario cordobés en comparación con el realizado en la Giralda, ya que, además de estar construído por el padre del arquitecto, la Giralda sevillana sirvió de modelo a muchas torres andaluzas. Sin embargo el gran peso del nuevo campanario hace que aparezcan preocupantes grietas en el antiguo alminar lo que determina, ya avanzado el s.XVII, el macizado del interior ocultando escaleras y bóvedas además de la construcción de una nueva "epidermis" que recubre y oculta casi en su totalidad al alminar, ya que -según Hernández Giménez- el muro este, aledaño a la Puerta del Perdón, todavía se puede observar:
Aunque no era la intención primitiva de las obras del campanario, ellas ocultaron al alminar con otra torre y, gracias a ella, todavía se conserva en su interior. De haber aguantado las pesadas piedras renacentistas o si se hubiera ejecutado otro diseño más ligero, el actual campanario cordobés tendría una imagen bien distinta...
Para finalizar, un corto pero muy bonito vídeo sobre la capital cordobesa:
domingo, 23 de agosto de 2009
EL "HOMBRE RÍO"

http://www.youtube.com/watch?v=Kg-6TYWFRhA
Más sobre el "Hombre río":
http://www.20minutos.es/noticia/113045/0/hombre/rio/guadalquivir/
lunes, 10 de agosto de 2009
MARRAKECH
Según el historiador andalusí Ibn Bassam (fallecido en 1147), alrededor del año 1060 el rey sevillano al-Mutadid recibe una carta de Suqut de Sabta informándole que los almorávides habían instalado un campamento en la "rahba de Marrakech". Aunque la corte sevillana intenta quitarle importancia al avance de los "hombres velados", al-Mutadid conocía la profecía por la cual su linaje desaparecería bajo una oleada de tribus africanas y ordenó al gobernador de Algeciras fortificar Gibraltar... el avance de los almorávides fue imparable a pesar de mediar el mar y el desierto. Antes de finalizar la década, el campamento de los "hombres velados" se había convertido en una ciudad que estaría íntimamente ligada a Sevilla y, como he tenido la suerte de comprobar, todavía continúa bastante más unida de lo que me podía esperar.El historiador Hamid Triki en "Marrakech: retrato histórico de una metrópolis medieval. Siglos XI-XII" (dentro del libro "La Arquitectura del Islam Occidental") además de ofrecer otras hipótesis y siguiendo la transcripción del príncipe zirí granadino Abd Allah ibn Bulugin, traduce el significado del nombre de la ciudad roja en la encrucijada del Atlas, del Sáhara y del Anti Altlas como: "el lugar que está bajo la protección de Akus". Sea como fuere, el nombre de la zona que adopta la ciudad es anterior a la llegada del emir almorávide que funda la futura capital almohade en el continente africano, rango que compartirá con su hermana andalusí: Sevilla.
Parto de esta pequeña reseña histórica porque, en mi opinión, las dos capitales almohades conservan más similitudes que diferencias. Paseando por su medina, visitando sus monumentos y palacios, hablando con sus hospitalitarios y amables ciudadanos más de una vez he creído estar de turista en mi propia ciudad. Marrakech es una cápsula del tiempo, conserva sus murallas, su laberíntica medina y sus antiguos monumentos que nos ofrecen una posibilidad de recrear el aspecto de la ciudad hispalense en la época del imperio almohade. El color rosado de su famosa Koutoubia impregna todos los edificios de la ciudad ya sean históricos o de nueva planta, incluso los bloques de viviendas y hoteles de los modernos barrios de Hivernage y Gueliz.
Un patio del Palacio Bahia (s. XIX)
Tal y como esperaba, el alminar de la Koutoubia (la mezquita de los libreros) tiene la belleza de su hermana sevillana y, al igual que la Giralda, es bien visible desde casi toda la ciudad. El entramado urbano marrakusí me recuerda al de la capital andaluza: los grandes jardines de la Menara serían la Buharya sevillana, de tal forma que desde los dos jardines se divisan sus respectivos alminares. Cerca de las torres se encuentran los respectivos palacios reales que hoy en día utilizan las dinastías reinantes en España y Marruecos. Las calles del barrio de Santa Cruz de Sevilla son idénticas a las que visitamos de camino al Museo dar Si Said.
Marrakech es una ciudad de grandes contrastes para todos los sentidos. Posee una luz andaluza, al igual que sus elevadas temperaturas; multitud de olores a especias, cuero, aceite, frituras, carne asada... Una rica gastronomía de la que pudimos dar buena cuenta, si tenéis la posibilidad de visitarla nunca despreciéis el maravilloso té de menta. El sonido de las flautas encantadoras de serpientes y las darbukas se mezclan con las llamadas a la oración en la famosa Plaza de Jamaa el Fna, auténtico corazón de la ciudad que nos introduce en un zoco donde se pueden adquirir desde alfombras hasta especias pasando por todos los "souvenirs" propios de la ciudad.
Pero, Marrakech es, además, una urbe moderna con buenas infraestructuras como su espacioso aeropuerto, su bonita estación de trenes, un magnífico teatro real... Es cierto que no todo es oropel y boato, existen barrios pobres en las afueras de la ciudad. Pudimos verlos de ida al Palmeral. Existen grandes mansiones rodeadas de pobreza... por nuestra parte, y antes de recurrir a los tópicos que tienen muchos españoles del país vecino, estaría bien recordar barriadas sevillanas como las 3000 viviendas, el Vacie o, incluso, La Cañada madrileña. Los constrastes entre pobreza y riqueza de Marrakech no son mayores de los de la Sevilla de los años setenta. Cuando volvía de regreso a Sevilla (el avión nos dejaba en Madrid y retornamos en el Ave) ví un cartel en la estación de Córdoba, donde hicimos una parada: "Andalucía mira hacia Europa"... a ver cuando miramos y vemos a Marruecos, con el que compartimos tanta historia en común. No será la última entrada dedicada a la ciudad roja, a la que espero volver en cuanto pueda.
lunes, 3 de agosto de 2009
LAS TRES HERMANAS
El alminar fue construido entre 1184 y 1198 por orden del califa Yusuf I y concluido por su hijo y sucesor Al-Mansur. Cuando, en 1248, el rey castellano Fernando III conquista la ciudad, el alminar almohade se convierte en campanario y la gran aljama en Catedral. Sin embargo, al contrario que ocurrió en Córdoba y al igual que en Granada, la mezquita no subsistió aunque aún pueden contemplarse su patio de abluciones y su puerta principal (actuales Patio de los Naranjos y Puerta del Perdón). En su lugar se construyó el edificio gótico más grande del mundo y, después de S. Pedro del Vaticano y S. Pablo de Londres, el tercer templo de la Cristiandad. Entre 1557 y 1568, el arquitecto cordobés Hernán Ruiz II constuirá el bellísimo campanario que conforma no sólo la imagen más universal de Sevilla, sino una simbiosis perfecta entre dos culturas que (junto a la hebrea) se toleraron y se respetaron, si bien no de una forma tan idealizada como se cree, durante más de siete siglos. Debo puntualizar que ése no era el propósito ni del Cabildo (que quiere "convertir" el antiguo alminar con un programa contrarreformista) ni del arquitecto; no hay más que recordar que, en la primera década del s.XVI se decretó la expulsión de los moriscos. Es, más bien, una apreciación propia a la vista de un edificio que cualquier sevillano os dirá que "parece estar hecho todo de una vez".
Los tres estados principales de la Giralda. Hipótesis de Alejandro Guichot, 1910. A la izquierda el alminar almohade, en el centro el estado actual y, a la derecha, la torre mudéjar anterior a las obras del s. XVI.
Alminar de la mezquita de la Kutubiyya o Koutoubia
La torre Hassan
sábado, 18 de julio de 2009
LA JOYA DEL SULTÁN
El Jarrón de las Gacelas es una monumental obra cerámica vidriada en blanco, azul y dorado de 134 cm de altura y un diámetro máximo en su "panza" de 70 cm, sorprendiendo los escasos 14 cm de su base lo que -según varios autores- nos revela que tendría algún tipo de soporte para garantizar su estabilidad. Además, según Purificación Marinetto, guarda un sistema de proporciones casi perfecto dentro de la raiz cuadrada de cuatro que, sumado al movimiento convexo-cóncavo y a la fantástica ejecución de su ornamentación (como refiere el profesor Fernández-Puertas) hacen de este jarrón no sólo una obra de arte capital dentro de la historia del sultanato granadino, sino de toda la cerámica mediterránea e islámica.
Estado actual del Jarrón de las Gacelas
Detalle con las gacelas
Como suele ocurrir, una obra tan interesante no está exenta ni de historia ni de leyendas. Una historia que le ha hecho perder una de sus asas y que se encuentre partido por la mitad, además de perder parte de la cubierta de esmalte. La función de la pieza es ornamental y parece que, posiblemente, estuviera destinado al interior de una qubba (estancia cúbica o prismática cubierta con una cúpula o armadura poliédrica; en la Alhambra las más famosas son el Salón de Comares o de Embajadores, la Sala de las Dos Hermanas y la Sala de los Abencerrajes). A mediados del s.XVII se tiene la primera noticia de su ubicación en el Jardín de los Adarves donde permanecerá hasta la segunda mitad de la siguiente centuria junto al tristemente perdido Jarrón de la Banda (bajo estas líneas) y los restos de un tercer jarrón. De su estancia a la intemperie nos queda constancia en la pérdida de parte del vidriado y, posiblemente, en el asa desaparecida. Aunque el traslado era necesario para su conservación, los dos jarrones no poseían ninguna protección adicional en su nueva ubicación en la Torre de Comares, lo que motivó un informe firmado por Manuel Gómez-Moreno en enero de 1792, en el cual informa de la rotura de uno de los dos jarrones: "hallo que que avian quebrado la jarra situada en la rinconada a mano derecha de tal forma que no tenía composición, cuyo hecho informó un sargento inbalido de la guardia que estava en la entrada de la dicha real casa, lo havia executado un muchacho que se havia subido a lo alto de dicha jarra y esta y el muchacho havian caido al suelo quedando hecha tiestos la citada jarra".Hasta finales del s.XIX, donde se tiene constancia de su presencia en varias dependencias del Palacio de los Leones hasta que pasa -ya en el s.XX- al su actual emplazamiento en el Museo de la Alhambra, el Jarrón de las Gacelas permanecerá guardado a "cal y canto" dentro de una estancia del Patio de los Arrayanes sin posibilidad de acceder a verlo tal y como indican Richard Ford y Théophile Gautier (según Purificación Marinetto). Gracias a los dibujos que Diego Sánchez Sarabia realizara en el s.XVIII podemos reconstruir los dos grandes jarrones nazaríes y gracias al Romanticismo y a los viajes de los mencionados Richard Ford, Irving y Gautier además de las obras de Jules Goury, Owen Jones y Girault de Prangey entre otros, la imagen y la fama de la Alhambra se difunde por toda Europa cimentando la imagen mágica del monumento y empezando a poner en valor unos edificios que, en el s.XIX, estaban en un estado de conservación más que preocupante.
Actual emplazamiento del Jarrón de las Gacelas en el Museo de la Alhambra
sábado, 4 de abril de 2009
LOS APUNTES DE EUCLIDES
La obra más famosa que ha perdurado de Euclides de Alejandría (325-265 a.C. aprox.) son “Los Elementos”, en realidad son los apuntes de un profesor de la “universidad” de Alejandría redactados con la finalidad de introducir a sus alumnos en la teoría de la geometría y el álgebra. Y aunque, en la época, la reproducción de textos era de forma manual eso no ha sido impedimento para su transmisión. No se ha hallado ninguna copia de los Elementos de Euclides que date realmente de la época del autor. Las ediciones modernas de los Elementos se basan en una revisión preparada por Teón de Alejandría casi después de 700 años de que se realizara el trabajo original. La historia de cómo ha llegado a nuestras manos esta obra fundamental –ya que la enseñanza de la geometría actual se basa en ella- es digna de contarse:
Manuscrito persa de los Elementos de Euclides, comentados por Nasir al-Din al- Tusi (siglo XIII). En la segunda mitad del s.VIII asistimos a un verdadero “Renacimiento” de las ciencias y matemáticas clásicas en el mundo islámico. Bajo el califato abbasí, Bagdad se convierte en el centro cultural de la época que rescatará los antiguos manuscritos griegos, obtenidos mediante tratados con el Imperio Bizantino. Es durante el califato de Al- Mamun (809-833 d.C.) -hijo del mítico Harún Al-Rashid, el califa de Las mil y una noches- cuando, y siguiendo con la labor desempeñada por sus predecesores, se traducen al árabe todas las obras griegas de las que se tuvo constancia, incluida una versión completa de "Los Elementos" de Euclides de Alejandría , obra fundamental para las matemáticas y, especialmente para la geometría. El mismo califa funda en Bagdad -convertida en una nueva Alejandría- la Casa de la Sabiduría (Bait al-Hikma), una auténtica universidad que englobaba una academia y una biblioteca en la cual se podían encontrar escritos de todas las disciplinas conocidas, gracias a la traducción de todas las obras científicas y filosóficas del mundo antiguo. Entre los integrantes de la Casa de la Sabiduría destacaros al famoso matemático y astrónomo Mohamed ibn-Musa al-Khowarizmi, considerado como el “padre del álgebra”.

La primera traducción de los Elementos en inglés obra de H. Billingsley y publicada el 1582 por John Daye.
Los Elementos de Euclides “están divididos en trece libros o capítulos, de los cuales la primera media docena versan sobre geometría plana elemental; los tres siguientes tratan sobre teoría de números; el libro X sobre los inconmensurables y los tres últimos, principalmente sobre geometría de sólidos. No hay ninguna introducción o preámbulo en la obra, y el primer libro comienza abruptamente con una lista de 23 definiciones”. El prestigioso historiador y matemático Carl Benjamin Boyer (1906-1976) nos argumenta la finalidad de Euclides a la hora de escribir los Elementos: “La Universidad de Alejandría no era probablemente muy distinta de las instituciones modernas de enseñanza superior. Algunos de los miembros de la facultad sobresaldrían en la investigación; otros se adaptarían mejor a tareas administrativas y otros aún destacarían por su capacidad pedagógica. Según parece por las referencias que tenemos, Euclides pertenecía de manera muy definida a esta última categoría; no hay ningún descubrimiento nuevo que se le atribuya a él directamente, pero sí destacó por su habilidad expositiva. Ésa es la clave del éxito de su obra más importante, los Elementos: se trataba claramente de un libro de texto (…) Los Elementos no eran, como se piensa a veces, un compendio de todos los conocimientos geométricos, sino más bien un texto introductorio que cubría toda la matemática elemental…”
Primera edición de 1482.
Impresa por Erhard Ratdolt en Venecia.
Sobre cómo la gran obra de Euclides llega a la Península Ibérica, particularmente a Córdoba, y se difunde por Europa, Rafael de la Hoz Arderius sostiene una interesante teoría, la cual os reproduzco por su singularidad. El estudio del insigne arquitecto parte de la necesidad de comprobar de qué modo en la arquitectura de su Córdoba natal se manifestaba el número de oro o divina proporción:
“Se seleccionó Córdoba, donde se esperaba encontrar un uso masivo del rectángulo armónico, por su especial vinculación a la historia del conocimiento de la proporción áurea.
Dicha historia parte de Euclides de Alejandría, trescientos años antes de Cristo, quien en el libro II de su tratado Los Elementos, piedra angular del edificio matemático, trata por primera vez de la media y extrema razón, proporción armónica, proporción áurea, o regla de oro.
Doce siglos después, Los Elementos fue traducido por Ishaq Ibn Hunein, corregido por Tabit Qurra, publicado por Alhazen y estudiado sistemáticamente en las escuelas de Córdoba, sobresaliendo en su análisis el matemático cordobés Geber Ibn Aphla.
Córdoba fue depositaria y única usufructuaria del tesoro euclidiano durante la Edad Media.
Letra Capital de un manuscrito copiando el texto traducido de Adelardo de Bath.
En 1120, el británico Adelardo de Bath, previamente adiestrado en el idioma, usos y costumbres y disfrazado de estudiante hispano-árabe, logró introducirse en nuestras escuelas y sacar una copia de Los Elementos que fue publicada en 1472.
"La Civilización del Califato de Córdoba en la época de Abderramán III". Cuadro de Dionisio Baixeras, 1885. Paraninfo de la Universidad de Barcelona.
Hasta 1535, año en que se descubre el texto griego, Europa no cuenta más que con esta traducción árabe, por lo que los trabajos sobre la proporción armónica de Leonardo da Vinci y Luca Pacioli, decisivos para el Renacimiento, se hicieron necesariamente a partir del texto cordobés.
Con estos antecedentes, era razonable pensar que si en alguna arquitectura pre-renacentista se había empleado racionalmente la proporción áurea, este lugar no podía ser otro que Córdoba.”
Primera edición en castellano de Rodrigo Zamorano en 1576.
Si os interesa la podéis descargar desde mi web:
http://sites.google.com/site/dibujandoenalmonte/biblioteca-virtual
Encontré la edición en: http://www.odisea2008.com/
Texto completo de "Los Elementos" e información sobre las diferentes ediciones:
http://www.euclides.org/menu/elements_esp/indiceeuclides.htm
UNA TRÁGICA PÉRDIDA
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